Desde fuera, parecía el trabajo que cualquier ingeniero soñaría con tener: cohetes, tecnología de vanguardia, reuniones con Elon Musk y la posibilidad de ayudar a llevar seres humanos a Marte. Sin embargo, cuando Sebastián Torres decidió abandonar SpaceX después de siete años, su salida fue tan rápida que ni siquiera pudo despedirse de sus compañeros.
Ese final explica solo una parte de una historia mucho más compleja. El colombiano había pasado de jugar al tenis en Cali a ocupar un puesto clave en el desarrollo del motor Raptor, uno de los componentes más importantes del sistema Starship. Pero mientras su carrera despegaba, también crecía una pregunta que terminaría cambiándolo todo: ¿cuánto éxito vale la pena alcanzar si el precio es vivir bajo una presión constante? Si te gusta este post, te invitamos a seguir Lo Vi En LinkedIn para conocer más sobre el mundo laboral.
¿Quién es Sebastián Torres?
Sebastián Torres nació en Cali, Colombia, en una familia de clase media. Durante su juventud destacó como tenista y compartió competiciones con jugadores que más tarde llegarían a la élite, como Juan Sebastián Cabal y Robert Farah. El deporte terminó abriéndole una puerta decisiva: a los 17 años obtuvo una beca para estudiar en Estados Unidos.
Primero pasó por Oklahoma y después se trasladó a California. Aunque inicialmente quería estudiar ingeniería mecatrónica, eligió Ingeniería Industrial en la Universidad Politécnica Estatal de California, conocida como Cal Poly. Le interesaba una carrera que no solo se ocupara de las máquinas, sino también de las personas, los procesos y la forma de hacer funcionar una organización.
Antes de entrar en la industria aeroespacial, trabajó en empresas del sector farmacéutico y de dispositivos médicos. Allí progresó con rapidez, asumió mayores responsabilidades y consiguió el tipo de estabilidad profesional que muchas personas persiguen durante años. Sin embargo, también sufrió su primera gran crisis de agotamiento.
Torres ha contado que padeció ansiedad, insomnio, ataques de pánico y una depresión profunda. Tras comenzar a tomar distintos medicamentos, aparecieron pensamientos suicidas. Es importante aclarar este punto porque algunas publicaciones virales mezclan las fechas: aquella crisis grave ocurrió antes de su llegada a SpaceX, no durante su etapa al frente del proyecto Raptor.
La experiencia lo llevó a frenar. Dejó temporalmente el mundo empresarial, dio clases de tenis y se formó en yoga y meditación. Cuando estaba intentando reconstruir su vida, una llamada inesperada volvió a cambiar su rumbo.
La llamada que lo llevó a SpaceX
Un reclutador de SpaceX se puso en contacto con Torres porque la compañía buscaba a una persona con experiencia en proveedores, fabricación y resolución de problemas. No era astrofísico ni ingeniero aeroespacial, pero dominaba algo esencial para una empresa que fabricaba cohetes a gran velocidad: sabía detectar fallos dentro de una cadena de producción y coordinar a equipos muy diferentes.
Ingresó en SpaceX en 2014, cuando la compañía tenía alrededor de 900 trabajadores, según su recuerdo. Al marcharse, siete años después, ya superaba los 10.000. Su primer puesto estuvo relacionado con el desarrollo de proveedores y lo obligaba a viajar, revisar componentes y solucionar obstáculos que podían retrasar la fabricación.
En uno de sus primeros encuentros técnicos con Elon Musk, Torres comenzó una presentación y vio cómo el empresario se levantaba y abandonaba la sala después de observar unas pocas diapositivas. Al principio creyó que había hecho algo mal. Más tarde entendió que, dentro de SpaceX, salir de una reunión después de obtener la información necesaria se consideraba una forma de ahorrar tiempo.
Su papel en el motor Raptor de Starship
En 2017, Sebastián Torres pasó a liderar tareas vinculadas al proyecto Raptor. Su función no consistía en inventar el motor en solitario, como a veces sugieren los mensajes exagerados de las redes sociales. Era un líder técnico que ayudaba a coordinar ingeniería, producción, proveedores y plazos. Él mismo comparó ese trabajo con dirigir una orquesta: cada sección debía entrar en el momento correcto para que el conjunto funcionara.
Raptor es el motor desarrollado por SpaceX para Starship y su enorme propulsor Super Heavy. Emplea metano y oxígeno líquido, y forma parte de una arquitectura pensada para reutilizar vehículos espaciales. Por eso, trabajar en el proyecto significaba estar en el centro de uno de los planes más ambiciosos de Elon Musk: construir un sistema capaz de transportar grandes cargas y, algún día, personas hacia la Luna y Marte.
Torres también presenció momentos históricos de la empresa, entre ellos el desarrollo de los aterrizajes de cohetes reutilizables y el lanzamiento del Falcon Heavy que envió al espacio el Tesla Roadster rojo de Musk. Profesionalmente, era una oportunidad extraordinaria. En el plano personal, la intensidad empezó a tener un coste cada vez más difícil de ignorar.
¿Cómo era trabajar con Elon Musk?
El relato de Torres no presenta a Musk como un personaje simple. Por un lado, lo describe como una persona extremadamente inteligente, capaz de comprender los detalles técnicos y encontrar soluciones cuando los demás se habían quedado sin respuestas. También recuerda su presencia permanente en las instalaciones: podía aparecer un domingo o a primera hora de la mañana porque vivía SpaceX como su proyecto más importante.
En sus primeros años, incluso llegó a verlo descansando dentro de un Tesla estacionado frente al edificio, vigilado por un guardaespaldas. La escena impresionaba a los trabajadores porque transmitía la idea de que el fundador nunca se desconectaba por completo.
Por otro lado, Torres habló de una forma de dirección dura e impredecible. Resumió aquella cultura con una frase contundente: Musk “usa mucho el miedo como liderazgo”. Según su testimonio, podía despedir a una persona delante del resto del equipo cuando consideraba que no estaba respondiendo al nivel esperado.
Ese temor a cometer un error convivía con jornadas de 14 o 16 horas, correos durante la madrugada y semanas en las que el calendario apenas importaba. La actividad continuaba en Navidad, Año Nuevo o durante los fines de semana. El ejemplo de Musk, que parecía trabajar a cualquier hora, elevaba todavía más las expectativas sobre todos los demás.
La versión viral en X simplifica una historia más compleja
La experiencia de Sebastián Torres ha vuelto a circular en X, antes Twitter, mediante textos escritos como si fueran confesiones literales. Algunas versiones incluyen expresiones muy cinematográficas sobre vivir “en el ojo de un huracán de genialidad” o pasar de conquistar Marte a conquistar la paz interior.
Esas frases resumen bien el contraste de su vida, pero no deberían publicarse entre comillas si no aparecen en la entrevista original. Son recreaciones o paráfrasis, no declaraciones verificadas palabra por palabra. La diferencia importa: una buena historia no necesita inventar citas para resultar poderosa.
También es inexacto afirmar que su primera crisis de salud mental fue provocada por SpaceX. Torres ya había atravesado un episodio muy grave en su empleo anterior. Lo que sí explicó es que el ritmo de la compañía de Musk despertó el miedo a caer nuevamente en el agotamiento y fue una razón decisiva para marcharse.
Por qué Sebastián Torres renunció a SpaceX
Tras siete años en la empresa, el ingeniero comprendió que no quería continuar viviendo con ese nivel de presión. Presentó su renuncia y ofreció permanecer 30 días para facilitar la transición. La respuesta fue inmediata: debido a las condiciones de su contrato, la compañía decidió que aquel mismo día sería el último.
No hubo una larga despedida ni una última vuelta por las instalaciones. Una etapa construida alrededor del fuego, los motores y la urgencia terminó de manera fría y repentina. Torres ha reconocido que a veces extraña aquella intensidad, pero también ha dejado claro que no desea regresar a esa forma de vida.
Su decisión no borra lo que consiguió. Formó parte de un equipo que transformó la industria espacial y trabajó en una tecnología que continúa siendo fundamental para Starship. La renuncia tampoco convierte todo su paso por SpaceX en una experiencia negativa. Su historia admite las dos realidades al mismo tiempo: fue una oportunidad excepcional y un entorno que ya no podía sostener sin arriesgar su bienestar.
De los cohetes a una vida junto al río
Después de dejar Estados Unidos, Torres regresó a Colombia y se instaló en las montañas del Eje Cafetero, cerca de Pereira. Allí cambió las reuniones técnicas y los mensajes de madrugada por la naturaleza, la meditación y una vida con otro ritmo.
Actualmente orienta sus esfuerzos a iniciativas relacionadas con el bienestar, la comunidad, la sostenibilidad y la salud emocional. Su objetivo ya no es coordinar piezas para que un motor salga del planeta, sino ayudar a otras personas a revisar sus prioridades antes de que el agotamiento las obligue a detenerse.
Por eso su historia genera tanta conversación en X. No es solamente una anécdota sobre cómo es trabajar con Elon Musk ni una crítica fácil a una compañía tecnológica. Es el relato de alguien que alcanzó uno de los puestos más admirados de su profesión y descubrió que poder continuar no significaba que tuviera que hacerlo.
Torres ayudó a construir motores capaces de levantar una nave gigantesca. Su decisión más difícil, sin embargo, fue mucho más humana: reconocer que ningún proyecto, por extraordinario que parezca, debía costarle otra vez su paz mental.
Preguntas frecuentes sobre Sebastián Torres y SpaceX
¿Sebastián Torres creó el motor Raptor?
No lo creó él solo. Raptor es el resultado del trabajo de un gran equipo de SpaceX. Torres ocupó un puesto de liderazgo técnico y coordinó áreas necesarias para avanzar en su desarrollo y producción.
¿Renunció únicamente por Elon Musk?
Su testimonio señala el estilo de liderazgo de Musk, las jornadas extensas y la presión de SpaceX como factores importantes. Sin embargo, su decisión también estuvo marcada por una crisis de agotamiento que había sufrido años antes y que no quería repetir.
¿Su episodio de pensamientos suicidas ocurrió en SpaceX?
No. Según la cronología que él mismo relató, ese episodio ocurrió durante su etapa previa en la industria farmacéutica. En SpaceX volvió a sentir el riesgo de llegar al mismo límite y decidió marcharse.
¿A qué se dedica después de SpaceX?
Tras regresar a Colombia, se vinculó con proyectos centrados en bienestar, sostenibilidad, comunidad y salud emocional en el Eje Cafetero.


